Paula. Por Gerundio

PaulaVip.com

 

No participo mucho últimamente, pero os leo. Poca cosa, ando liado y, de experiencias, pocas. Las cuento todas, pero me darán el premio de la década al celibato mejor llevado. Siempre hay una excepción, aquí os dejo esta, reciente. Tampoco pretendo ser objetivo. Si buscas objetividad, solo la encontrarás estudiando exactas y eso siempre que no te especialices en el cálculo de la probabilidad. Lo que cuento es lo que siento, pura subjetividad, y me alegro. Porque la dama me gustó, que queréis que os cuente.

Y con especial dedicación a Hipocrit, por descubrir la perla. Tomo y copio su plantilla, que hago mía.

FECHA DE LA EXPERIENCIA: Septiembre 2007 esta semana.
NOMBRE DE LA CHICA: Paula
NOMBRE DE LA AGENCIA: Independiente
WEB: www.paulavip.com
DIRECCIÓN: Breda
TELÉFONO DE CONTACTO: Ver Web
TARIFAS APLICADAS: Ver Web
DETALLES DE LA CHICA: Española (catalana), altura (metro setenta) cabello (rubio) constitución (Alta y delgada) tatoos & piercings (no) fumadora (la invité a fumar y aceptó) sexo (encantador) carácter (ideal, alegre, divertida, dulce ,……)
PUNTUACIONES DE LA CHICA: cara B, físico en general MB, pechos como me gustan pequeños, culito delicioso, trato perfecto, francés E, trajineo E, implicación EE y valoración global EEE. Repetirías. Si, por supuesto.

Lo primero de todo, básico y fundamental, lo principal, contaros el milagro, que hoy me siento taurino y quiero resumiros en una frase como me fue en el ruedo: Paula reúne en su persona la sabiduría de los cuarenta en un cuerpo que con dudas dirías va más allá de los treinta. Estuvo torera, torera y torera. Arrimándose, sin miedo, ejercitó todas las suertes. El respetable, sabedor de ello, le otorgó vista la faena los tres trofeos y ella, magnánima con el cabestro, perdonó y cortó solo las orejas. Contento estoy, os lo juro, me dejo el rabo para otros tientos, aunque con algo de sordera.

Se trata de una dama. Paula es hermosa, algo que solo se consigue diferenciándose del canon de belleza que unos cursis afeminados han puesto de moda. Hermosa, si, lo que tiene muchas ventajas, pues si el tiempo la sigue tratando con tanto esmero será de esas mujeres que solo los viejos verdes con estilo como yo (dejadme ser presuntuoso) tratamos con aprecio. Lástima, por esas fechas estaré muerto. Pero que sepa que desde el infierno seguiré sus pasos con deseo, lo que tiene muchísimo mérito, debéis tener presente el calor que unos tísicos cuentan que allí hace y lo necesitado que estaré de refresco. Porque girarse al paso de una chica “plexiglás” es lo “normal”, puro instinto animal. Girarse al paso de Paula no sólo es placer sino necesidad, una delicadeza andante, algo poco habitual.

Su estilo, el que te muestra, es el que me gusta, ya sabes, los colores. En esta materia no hay nada definitivo ni por contrastar. Yo tengo el mío, tú el tuyo, y en mi caso es una suerte coincidir, pues no se improvisa ni se disimula. Es saber estar, moverse, sonreír, mirar, besar y acariciar y, en su conjunto, cuando se aplica, llegarla a adorar. Sabe rentabilizar, y como, sus encantos. Me encontré muy cómodo, indudablemente porque me hizo sentir así. Algo que acredita su interés en que el encuentro sea placentero. Dicen que el éxito está en volver a tener ganas de verse. Las tengo, más que ganas, hambre. Y si yo practicara el sadismo inglés del Príncipe de Gales, devorarla, tal cual. El único aditamento, una hojita de laurel. No necesita otro condimento. Comprendo a Hannibal Lecter, ahora mi compañero, entiendo su afición y alimento.

Poco más os voy a decir, para decepción de algunos. No, no lo hago por ser un pretendido caballero, que no lo soy, o un tipo discreto. Es mucho más divertido para mí que quede entre ella y yo, un secreto, tendrá otros, pero este es nuestro, cierto, una simpleza pero insisto, nuestro. Lástima que seré yo el último en olvidar, es natural. Si te interesa que prácticas realiza, a cuales accede, con cuales no se siente incómoda, que tolera y demás cuestiones, lo tratas con ella. Un consejo, con educación, estoy seguro, aclarará muchas de vuestras ideas, dudas y deseos.

Pero si os diré dos cosas, solo dos, porque si las oculto, reviento. Primera, es de las pocas veces, poquísimas veces, ya soy talludito y aunque no soy un experto en ninguna lid tampoco me considero un pardillo, retomo el quid, es de las pocas veces, puedo contarlas con los dedos de una mano, que me han hecho sentir y eso tiene mérito, mucho mérito, que quien me acompaña me ofrece sencillamente intimidad, entendida como un juego entre ella y yo que quizás sea parecido al de otras parejas, pero que se diferencia, precisamente, en cubrir, nunca una palabra fue tan apropiada, mis deseos, fantasías y torpezas, con mucha entrega e intensidad. Iba a escribir la palabra “curiosidad”, pero soy lo más alejado a un tipo que la genera, por vulgar se me ve venir de lejos. Y una dulzura, si, dulzura, leer dulzura arrastrando la primera u sin miedo, ¡sin miedo, coño! que nada tiene que ver con lo tonto, relamido o ñoño, como no recordaba en tiempos. Pero si eres de esos tipos rudos y machotes, tampoco lo dudes si la tienes en mente, que entre sus artes, lo sospecho, está acabar en un plis – plas con el duro turrón de Alicante.

Segunda. Aviso a navegantes, que por aquí anda mucho pijo suelto, y quien se pica, ajos come. No, no lo digo por ti, ni por ti y menos por aquel o aquella en quien piensas, en serio, lee y calma el gesto. Entre nosotros – cabréese el sector feminista reivindicativo incendiario frente a las graciosas ordinarieces masculinas – una mujer puede estar elegante de muchas formas, con muchos estilos, complementos y maneras, pero en su desnudez, en esa hermosa desnudez de Paula, pocas, muy pocas, pues no se trata de “estar” sino de “ser”. Aquí el juego es otro, afortunadamente, sin aditamentos, marcas ni disfraces de diseño, y en esa liga muy pocas juegan, precisamente por lo expuesto, hay que “ser”, en el “estar”, tengo ya muchos años, descubres pronto el engaño. No hablo de unas medidas de cuerpo, no, te equivocas, sino de la elegancia de formas y movimientos, un autentico lujo. Y es que Paula, en su desnudez, ¡asombraros!, atempera el deseo con su esplendidez, pero excita el adjetivo, el verbo, el adverbio y mis nervios, como en estas letritas ahora os muestro. No se si lo sabe o no, seguro que si, tampoco hay tanto tonto suelto y alguien por ahí se lo habrá dicho mucho antes que yo, que por listillo y sabihondo siempre digo “voy” cuando otros dicen “vengo”, pero eso si, sabe disimularlo con mayor elegancia aún. ¿Veis? Lo dicho, turrón y caramelo.

Seguro que todo lo que cuento es una tontería. Seguro. Y cursi, con mayor probabilidad. Pero no voy de experto catador de mujeres que las cuenta a centenares, millares, con un pene de imposible tamaño, aguante, ganador en mil combates, y alguna ventaja ha de tener mi mediocridad, si, acertaste, se obtiene mayor placer, lo que buscaba. Me permito muy pocas fantasías, pero las mías las vivo con intensidad, se ajusten o no a la realidad. Que más da lo que opinen los demás, si es lo que yo quiero.

En resumen, Paula es puro azúcar del que puedes abusar sin que te produzca caries, algo que cuido especialmente atendiendo a mi dentadura y edad. De mi neurona autista, ciática, diabetes, pierna paralizada, brazo ortopédico, joroba, artritis medular y mi contractura muscular nada digo por olvido, Paula lo supo con inteligencia sortear, me hizo sentir un autentico gimnasta, un Blume de la almohada, el Mark Spitz de la cama, eso si, especialista en espalda, soy un comodón, no hay remedio y sobre todas las cosas manda, ni Paula, ya es decir, lo repara.

Tiene dos defectos, que no se diga por nuestros rudos expertos que en estas líneas solo hay mimos y afectos. Uno, tras estar con ella la sonrisa de imbecil gravada queda, aunque en mi caso es fácil justificar, uno tiene cara de lo que es, pero en el vuestro pocas explicaciones convencerán a quien os pregunte por su origen, os prevengo de ello. Dos, en el soy causante, me llevo todo el mérito, en ningún caso Paula sacia, siempre desearías repetir, más, mas, mas, mucho más, perversa es por rejuvenecer mi mente y juegos en un cuerpo que me cansa. Suerte que mi incontenible verborrea me salva.

Y no sigo, que siempre hay recelos de quien piensa que en este tipo de cuentos, si, se trata de un cuento – vuestra opinión no la considero, ojala me fuera siempre así en otros pleitos – existen intereses ocultos, negocios, amistad o parentesco, no es el caso, o quedan decepcionados por su poco contenido crudo – atlético – genital. Pero algunos de por aquí, más avezados y conocedores del perfil que mantengo, lo saben, pocas veces me pongo serio, observaran que estas letritas están llenas del mejor y mas puro sexo, pero sobre todo tierno, muy tierno, así lo quise yo accediendo ella, no otro que el que origina quien con tanta delicadeza y encanto provoca el deseo.

Lo dicho al inicio, subjetividad porque me place, subjetividad porque me satisface. Además, salida de tono, yo aporreo el teclado y redacto como me sale de las narices, porque de los cojones, lo que me gustaría escribir, es de poco esmero, y uno ha de guardar las formas, al menos estas y competir con todos vosotros, mis finos y delicados compañeros, que en las otras, comportamiento, trato, educación, conocimiento, belleza y sexo, Paula arrasa sin esfuerzo.

Le deseo suerte, mucha, toda, sin más.